oisés salvado de las aguas® PRO NUEVA RAZA HUMANA

 

 

DE BOLIVAR A MOISES, SALVADO DE LAS AGUAS

Como Libertador de Colombia, Bolívar visitó varios pueblos de Boyacá, el 5 de diciembre de 1826 pasó por la vereda de Tipacoque, la cual pertenecía al Municipio de Soatá, “la ciudad del dátil”, en cuyas vecindades tuvo sus orígenes el paramilitarismo en Colombia (Chulavitas). En sus tiempos se vivía en un ambiente tranquilo en medio de frondosas palmeras de dátil, madroños y cañaverales, los que se molían en rústico trapiche de piedra, en donde Bolívar estuvo tomando la melaza o cachasa, pues se decía que era un excelente remedio para la anemia. Bolívar lo tomaba para problemas del hígado. Muchos trabajadores estuvieron con él, muy a la moda de George Washington en medio de campesinos de alpargata, de rostro amable, curtidos por el sol.

Después de esto (omitiendo la parte cronológica) los años fueron pasando entre historias de batallas, comentarios de quienes conocieron nada menos que a quien “liberó a 5 naciones del yugo de los españoles”. Pero desde el punto de vista ecológico algo empezó a cambiar para mal, más que para bien, tanto en lo humano como en el medio ambiente. En lo primero, el ritmo circadiano se alteró dando como efecto malos humores, la arija de la caña se empezó a hacer más fastidiosa y como en las plagas de Egipto, las moscas e insectos no se hicieron esperar. En esta involución inconciente o adormecimiento, fruto de las acciones y reacciones (feed-back) por la zozobra y el miedo a conflictos bélicos, también se fue descompensando el reloj biológico coxigeo, apareció un psicotóxico bioquímico acido-acido que empezó a afectar la simiente de los hombres (impotencia o disfunción eréctil), a crear alteraciones genéticas, prolapsos y esterilidad en las mujeres.

En el actuar mutuo del hombre y el medio ambiente, empezó a mutar un insecto que al principio taladraba los cogollos de caña y luego se especializó en perforar las palmas de dátil. Científicos han hecho todos los estudios, pero el problema actualmente continúa, tanto que se está pensando en traer de Sohatán, región egipcia, nuevas semillas por cuanto las palmas de dátil no dan cosecha; también se volvieron estériles.

Y ni que decir de los animales, el humor de las cabras se hizo más intenso en cualquier recodo del camino; hacía miedo, se alteraba la respiración, el olor a chivo era síntoma de peligro, solo las ovejas inmunes a las impresiones o sugestiones siguieron teniendo sus corderitos común y corriente, mientras que los cabritos nacían con coto, con dificultades para mamar y al poco tiempo morían.

Bolívar el hombre más poderoso de Colombia solo paso por allí, pero quedo el eco de sus palabras y la impresión que causó su presencia. Sin embargo, con el tiempo el ya trapiche viejo se transformó en un moledero de insensateces, de conflictos y frustraciones entre sus trabajadores. Allí crecieron partidos políticos que como fanáticos de fútbol hicieron pactos de no agresión, ya que por cualquier discusión se quitaban la vida.

Siendo esta región rural, una de las más densamente pobladas, las familias se disgregaron, sus mujeres de gran nobleza se volvieron famosas en el servicio doméstico de Bogotá, muchos hombres se fueron para Venezuela, las casas de piedra con sus palmas de dátil se quedaron abandonadas y como la ciudad de Bronce de Scheherazada de las piedras que fueron molino, no queda ni el recuerdo.

Valdría la pena preguntarse qué pasó en los pueblos de Boyacá donde Bolívar se quedó varias noches. Sin duda, desde el punto de vista ecológico, toda guerra trae alteraciones genéticas, en este aspecto el objetivo de Bolívar pudo ser estéril, ya que antes que dar la libertad a Colombia, indirectamente pudo propiciar una esclavitud psicológica. El ambiente de frecuentes batallas desincronizó los relojes biológicos. El sutil yugo se nota más a medida que pasan las generaciones, pero como dice el sabio “esto se entiende mirando las estrellas que nos señala el dedo de Moisés, haciendo el esfuerzo de no mirar su mano”. Ahora más que nunca se necesita saber más, mirar con lupa toda la historia de Moisés, no como un cuento para niños, sino como lo que fue el gran liberador de esa esclavitud en otra dimensión, esa distrofia cervical que impide un sentimiento de libertad plena, pero sobre todo poder despertar los ojos del espíritu para que se pueda en vida mirar al Creador un poco más de cerca.

 



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